Experimenté un retiro terapéutico con Rocío el pasado mes de febrero. En realidad, entre enero y febrero, pues terminó precisamente el día de la fiesta de la Candelaria, en ese tiempo en el que los campos empiezan a ser sembrados, y en el que la oscuridad empieza a dejar paso a la luz. Metafórico del proceso personal en el que me encontraba inmersa, tras pasar por la cirugía y el tratamiento de un cáncer de mama poco tiempo antes. Recomiendo encarecidamente trabajar con Rocío, especialmente en el entorno de Rimor, en el Bierzo, en el que la naturaleza y su sabiduría son los perfectos compases de la armonía curativa. Gracias, Rocío.