Gracias, gracias, gracias Rocío por tú ternura, sabiduría y belleza. Me fui a la Vera, con el propósito de crear a la mujer que quiero ser, y lo voy consiguiendo. Yo también quiero ayudar, cada vez a más personas a despertar. Esta es realmente mi vocación en la vida. Gracias a ti, he visto las cosas un poco más claras. Me ha encantado que nos hablaras de tú hija Raíz, mi niña interior daba saltos de alegría, deseando jugar con ella. Siento que estamos conectadas para siempre. Un abracito así de grande. Marisol.